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A 40 años del Talleres-Independiente: la historia del gol que cambió el destino del fútbol argentino

Un día como hoy, hace 40 años, a Talleres se le escapó un título de manera increíble. Marcó la derrota del fútbol del interior. Era también la puja entre dos formas de entender el país.

El remate de Ricardo Bochini, desde el borde del área del estadio de Talleres en barrio Jardín, ingresó entre la cabeza del defensor Víctor Binello y el travesaño. Entre el salto del “Gringo”, con su 1,85 metros de estatura, y los 2,44 de la base del horizontal apenas quedaban unos 40 centímetros libres por los que ingresó la pelota Pintier que terminó por cambiar buena parte la historia del fútbol argentino.

Es que en aquel verano del ’78, hace justo hoy 40 años, Talleres e Independiente jugaron mucho más que la final de un Campeonato Nacional. Ese decisivo cotejo, disputado en una remozada Boutique, con tubulares levantadas desde las calles adyacentes, era también la puja entre dos formas de entender el país, que llevaba al terreno del fútbol la división de génesis de nuestra Nación: la del federalismo y el centralismo del puerto.

Independiente gozaba por entonces del mejor perfil copero gracias a sus permanentes consagraciones internacionales y defendía, especialmente a través de la figura de su presidente, Julio Grondona, el status quo que arrogaba a los clubes porteños la “argentinidad” de la AFA, donde las entidades de “tierra adentro” sólo revestían el título de “invitados”.

Talleres, con Amadeo Nuccetelli a la cabeza, era el abanderado de una lucha largamente postergada. Dirigente de bolsillo generoso, había encabezado la rebeldía de un fútbol del interior que comenzaba a discutirle las bases unitarias de la AFA. En enero de 1977, Nuccetelli ya había pateado el tablero al conformar la Liga del Interior, un ente que nucleó a los principales clubes de provincias y analizaba, incluso, una competencia binacional con Chile. El cisma parecía inevitable.

Pero “el Jefe” y “el Pelado” no eran los únicos protagonistas que saltaron a escena en aquellos días de enero. Con el Mundial ’78 ingresando a la recta final de su preparación, el fútbol se había convertido en un fantástico escenario para potenciar los egos de la cúpula militar que, dos años antes, se había adjudicado el mesianismo de “salvar el país”.

Informe de Fernando Movalli

Texto: La Voz del Interior
Foto: Archivo La Nación

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