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HABLÓ EL VARILLENSE INVENTOR DE LA “CAFETERA PARLANTE”

Después de 17 años, habla Marcos Castagno. En una entrevista con Día a Día asegura que inventó una fábula para poder seguir estudiando en medio de la crisis del año 2000.

Cuando todavía no se hablaba de “internet de las cosas” y usar comando de voz para activar dispositivos electrónicos parecía una fantasía para la vida cotidiana de los cordobeses, Marcos Castagno anunció que había inventado una “cafetera parlante”, dijo que había conseguido un viaje a Japón y, finalmente, cuando ya no pudo sostener la fábula, denunció que un grupo de ninjas lo habían asaltado en el aeropuerto de San Pablo, Brasil, para robarle los planos.

Antes, aquel joven de 22 años de Las Varillas que estudiaba ingeniería electrónica en la Universidad Tecnológica de Córdoba, había salido por todos los medios, firmaba autógrafos en la peatonal, había sido felicitado por el entonces gobernador José Manuel de la Sota y había llegado en una camioneta de bomberos a su pueblo para ser ovacionado.

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de 17 años, fue entrevistado por el diario Día a Día a bordo del camión que maneja para mantener su familia. Hoy tiene domicilio en Las Lajitas, un pueblo de Salta distante a unos 870 kilómetros de Córdoba.

Según explicó, en aquel momento se le había acabado una beca municipal y, cerca del abismo de 2001, había perdido un trabajo en Córdoba y ya no podía estudiar ni pedir que lo mantenga su padre, trabajador rural.

Entonces inventó la fábula de que había ganado una serie de falsas competencias universitarias con su invento de la “cafetera parlante”.

“Y se corrió la bola de boca en boca en mi pueblo (Las Varillas), hasta que el director del colegio del que había egresado me invitó a dar una charla a los estudiantes para motivarlos. Así llegó una nota de la radio del pueblo. Después, otra nota en La Voz de San Justo. Hasta que llegó a Cadena 3 y ¡pum!, explotó”, dijo a Día a Día.

“Hoy digo ‘pobre vago’. Anduvo mendigando una beca. Lo compadezco. Hoy que le pase eso a un chico, que mendigue la posibilidad de estudiar… Lo pienso como padre (…) Uno es reacio a ver la realidad: yo estaba convencido que iba a seguir estudiando, porque era lo que me gustaba. Fue un pedido de ayuda, no una estafa”, señaló.

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